La adolescencia de Francisco Morazán

En la adolescencia, José Francisco tuvo que empacar algunas letras y comas para mudarse al pueblo de Morocelí con su familia. De Tegucigalpa extrañaría las conversaciones sobre la independencia y las visitas a su tío político Dionisio de Herrera, quien también sabía contemplar la barriga luminosa de las ideas. Pero en Morocelí escucharía historias contadas por viejos indígenas y esclavos negros que lo inspirarían a luchar por la igualdad. Allí encontró valles para cabalgar, ríos para aprender a nadar y montañas verdes y tupidas de pinos para descubrir que la naturaleza es un libro abierto para todos los ojos. Esta información la puede encontrar en: Luvia de luciérnagas. La fantástica vida de Francisco Morazán, Equipo de Redacción de Editorial Guaymuras, , Editorial Guaymuras, Tegucigalpa, 2017.

La codicia: consejera de Colón

 EL RECLAMO DE LA REGIA CANTIDAD de diez mil maravedís anuales provocó la pérdida de credibilidad del Almirante: fue Rodrigo de Triana quien divisó tierra, pero la recompensa la cobró Cristóbal Colón. La tripulación embarcó en el crepúsculo del 2 de agosto de 1492 —coincidiendo con la prórroga de salida de los judíos del reino de Castilla—, pero zarpó al amanecer del viernes 3 de agosto. Cuando las carabelas salieron, tenían suficiente trigo, garbanzos, lentejas, quesos, ajos, cebolla, carne de cerdo, pescado salado y garrafones de agua y vino. En su Diario de a bordo Colón escribió que salieron de la barra de Saltés a las ocho horas. Navegaron hasta Canarias, pero antes de llegar La Pinta sufrió una avería, atribuida a un supuesto sabotaje. Fue hasta el domingo 12 de agosto que pudieron salir las tres naves desde La Gomera, puerto de San Sebastián. El 9 de septiembre, cuando habían pasado cuarenta días, los viajeros comenzaron a alborotarse. Colón decidió contar menos leguas de las que habían avanzado, para que se calmaran. Aunque falso, el primer indicio de que la tierra estaba cerca lo tuvieron el 14 de agosto los tripulantes de La Niña, que vieron una especie de…

El primer libro publicado en Honduras…

El primer libro publicado en Honduras es el que lleva el extenso título de Primeros rudimentos de Aritmética propuestos por el presbítero Domingo Dárdano, director, y catedrático de Gramática en el Colegio de Comayagua, para adelantamiento de sus alumnos. El autor, como lo dice el título, fue Domingo Dárdano, y fue impreso en Comayagua en una imprenta del Estado, que estaba a cargo de Eulogio García, en 1836. El original se encuentra en la Biblioteca del Congreso en Washington. —– Esta información la puede encontrar en: El libro en Honduras, Segisfredo Infante, Editorial Universitaria, Tegucigalpa, 1993; y en, La imprenta en Honduras (1875-1975), Miguel Ángel García, Editorial Universitaria, Tegucigalpa, 1988.