Y con su sangre estampa en la pared de su celda «Viva la Internacional Comunista»

«Nos informan el director del centro penal que anoche los reos fueron distribuidos en sus celdas donde se les mantenía vigilancia estrecha. Se observó en Wainwright un estado de sobre excitación nerviosa bastante marcado, en su ánimo se mostraban visiblemente alteraciones, ello hizo que se le pusiera un retén de vigilancia en el primer callejón, en cuya celda número 21 permanecía. A todos los reos, incluso a Wainwright, se le registró por tres veces cuidadosamente y se tomaron todas las precauciones que con ellos siempre se habían tenido. A las cuatro de la madrugada se supo del suceso, por los gritos que se escucharon salir de su celda número 21. Inmediatamente el director del centro penal y otros jefes del cuerpo, se constituyeron en el lugar y encontraron a Wainwright manando sangre de una herida que se había inferido en el brazo izquierdo; la hemorragia parecía incontenible, y pronto se llamó al médico del centro doctor Ramiro Herrera, y al practicante, quienes le hicieron la primera curación. Se le aplicaron 500 gramos de suero fisiológico y una inyección de alcanfor que provocaron la reacción del herido. Cuando entraron a la celda, Wainwright gritó vivas al Soviet y a la revolución social. Intentó suicidarse, como…